Cifras que alarman y una violencia que no se detiene
El reciente Boletín Estadístico sobre Violencia de Género, Intrafamiliar y Sexual del Ministerio Público confirma el incremento de estos hechos. Los números no solo son fríos; también cuentan historias marcadas por la tragedia.
Entre los casos más recientes figuran hechos ocurridos en distintas provincias del país:
- En Baní, fue asesinada Paola Lara Martínez, de 29 años, el pasado 2 de junio.
- En Nagua, se reportó el crimen de Belkis María Padilla Lantigua, de 54 años.
- En Puerto Plata, murió Lisbeth Beltré, de 29 años, a manos de su expareja.
- En Higüey, fue asesinada Yaidy Chami Cedeño, de 31 años, a inicios de la semana pasada.
Cada caso se suma a una lista que sigue creciendo y que deja detrás familias rotas, hijos huérfanos y comunidades impactadas.
“No ocurre de la noche a la mañana”: la mirada experta
El psicólogo clínico Luis Vergés advierte que el feminicidio no es un hecho aislado ni repentino, sino el resultado de un proceso de violencia sostenida que muchas veces pasa desapercibido.
Estos hombres pueden parecer funcionales, trabajadores, incluso respetados en su entorno, pero detrás hay una historia de violencia que se ha ido acumulando”, explica el especialista al referirse a lo que define como una “doble fachada”, donde el agresor oculta su comportamiento real ante la sociedad.
Vergés señala que detrás de estos crímenes suelen aparecer factores como la misoginia, el deseo de control, la posesividad y una marcada desigualdad de poder dentro de las relaciones.
“Cuando una mujer deja de ser vista como persona y pasa a ser vista como un objeto de posesión, se abre una puerta peligrosa”, advierte.
Una sociedad que ya había sido advertida
En 2018, investigaciones periodísticas ya habían entrevistado a hombres condenados por feminicidio en centros penitenciarios del país.
En aquel entonces, especialistas alertaban sobre los patrones de conducta y la necesidad de intervención temprana.
Hoy, ocho años después, el problema no solo persiste, sino que muestra nuevas capas de complejidad. Desde el análisis de Vergés, el feminicidio es la consecuencia final de una cadena de violencia que comienza mucho antes del acto fatal.
«La sociedad todavía reacciona tarde”, advierte el experto, al señalar que muchas veces el entorno minimiza señales de alerta o normaliza comportamientos violentos hasta que ya es demasiado tarde.
En medio de esta realidad, los nombres de las víctimas recientes se suman a una estadística que deja de ser número y se convierte en urgencia social.
Mientras tanto, los feminicidios siguen ocurriendo y el país vuelve a hacerse la misma pregunta incómoda: